miércoles, 1 de octubre de 2014

La iconografía de San Jerónimo y el relieve de la iglesia de Bahabón

Uno de los personajes más representados en el arte es San Jerónimo (345-420), ya que es un pilar fundamental dentro del cristianismo. Pero también, destacó como un hombre culto en su época pues dejó muchos escritos y fue gran conocedor de la literatura clásica. A él se debe la Biblia Vulgata, que es la versión de este libro que él tradujo del griego al latín por encargo del papa, para lo cual se retiró a una cueva en el desierto de Calcis donde practicaba ayunos y duras penitencias para evitar distraerse. Posteriormente tras unos años en Roma, se trasladó a Belén donde vivió junto a la cueva de la Natividad, allí también conoció a Santa Paula, que junto con su hija Eustoquio y otros eremitas llevaron un régimen de vida común, y de asistencia y hospedaje para los peregrinos.
San Jerónimo Penitente, Iglesia de la Asunción, Bahabón (Valladolid)

Francisco de Zurbarán, El ángel anunciando a S. Jerónimo
 Su admiración durante el periodo medieval llevó a delcararlo Doctor de la Iglesia por el papa Bonifacio VIII en el año 1295. Durante la centuria siguiente, algunos grupos eremitas que estaban dispersados por la península y que en cierto modo seguían el modelo de vida de este santo, decidieron acudir a Aviñón a visitar al papa Gregorio XI, que les autorizó para denominarse Orden de San Jerónimo y seguir la regla monástica de San Agustín. Combinaban, de esta manera, el estilo de vida eremítico con el monacal. Cada monasterio funcionó independiente hasta el año 1414 en que se reunieron todos bajo una autoridad común que sería el general de la orden, era el prior del primer monasterio: San Bartolomé de Lupiana. A estos religiosos se les conocía como jerónimos por parecerse en su modelo de vida a la que llevó el santo. Su forma de vida fue muy admirada sobre todo por los reyes de Castilla que protegieron a la orden continuamente. Estos monjes se caracterizaron por sus largas horas de oración, el respeto a la liturgia, la observancia, la hospitalidad y la propagación del culto mariano durante la Baja Edad Media en España. 

Tanto la vida del santo como la de la orden justifican por qué en nuestro país existen tantísimas representaciones de este santo, que de forma similar también fue admirado en otros países, no solo como religioso sino también como hombre culto. Por ello es el patrón de los humanistas y de los traductores, además de uno de los cuatro Padres de la Iglesia Occidental. Sus representaciones son variadísimas, existen importantes conjuntos que muestran la vida del santo, como retablos o series de cuadros, especialmente el de Jorge Inglés procedente de la Mejorada de Olmedo y también el retablo mayor de la Armedilla que se conserva en Riaza, esto entre otros tantísimos ciclos que estaban en cada monasterio.

Jorge Inglés, Retablo de San Jerónimo procedente del monasterio de La Mejorada de Olmedo (Actualmente en el Museo Nacional de Escultura)
A. Carraci, Última Comunión de S. Jerónimo, Bolonia
Muy a menudo al santo se le puede identificar por su larga barba de místico, vestido de cardenal, de color rojo, con su sombrero y esclavina, la Biblia Vulgata y el León atribuido por una leyenda errónea que se traspuso con el eremita San Gerásimo, pero todo esto de forma básica. San Jerónimo nunca fue cardenal pero al ser nombrado doctor, se le identficó así con esa vestimenta de eclesiástico. Seguramente la iconografía que tiene más interés es la de  Jerónimo escribiendo la Vulgata en su estudio,  ya que muestra cómo eran los lugares donde se transcribían los documentos en los monasterios o los estudios de los huamanistas. También otras representaciones muestran a San Jerónimo acompañado de Santa Paula en la gruta de Belén o San Jerónimo anunciado por un ángel del apocalipsis.
De todas las iconografías la más difundida de forma popular, por su aporte de piedad y desarrollo en diferentes épocas es la de San Jerónimo Penitente, en la cueva del desierto de Calcis. Esta representación creada en torno al año 1400 fue difundida por las comunidades de raíz eremítica de la zona de Toscana, en Italia, ya que definía muy bien la espiritualidad de estos grupos en la práctica del ascetismo, la soledad con Dios y la desnudez del alma. San Jerónimo en estos relieves o tallas se le representa en un entorno rocoso, desnudo, con la piedra en una mano, que según la tradición, era con la que se golpeaba en el pecho cuando era tentado; aparece también a su lado una calavera que se identifica con la muerte, y también aparece sujetando un crucifijo como forma de devoción.  En ocasiones aparece el capelo cardenalicio colgado, como elemento anecdótico; y, casi siempre, el león dormido acompañándolo. Tampoco suele faltar, la Vulgata colocada sobre alguna roca o sobre un escritorio, para no olvidar su interés por el estudio bíblico.

Juan Fernández de Navarrete, San Jerónimo Penitente del Monasterio de Nuestra Señora de la Estrella, actualmente en Briones, Logroño.

Alonso Berruguete, San Jerónimo Penitente 1526-1537, Procedente del Monasterio de la Mejorada de Olmedo, actualmente en Santa María la Real de Nieva


La iglesia parroquial de la Asunción de Bahabón conserva cariñosamente un altorrelieve de San Jerónimo Penitente, representado de la forma habitual. Fue traído a esta iglesia parroquial desde el monasterio de Nuestra Señora de la Armedilla tras los procesos desamortizadores que supusieron el final del monasterio y de la orden. Fueron tres exclaustraciones las que tuvieron lugar durante el siglo XIX: la primera con la guerra contra los franceses en 1809, la siguiente en 1820 y la definitiva en 1835, que es la famosa de Mendizábal. Supusieron además del declive de la comunidad monástica. que no se restauró sólidamente hasta 1924, también la pérdida de muchas de sus propiedades así como la dispersión del patrimonio atesorado durante siglos, que no sólo se refería obras de arte sino a siglos y siglos de aporte cultural literario, musical, asistencial... 

San Jerónimo Penitente, iglesia de la Asunción, Bahabón
Gracias a los inventarios que hizo la Comisión de Monumentos durante el siglo XIX podemos hacernos una pequeña idea de los bienes muebles que se atesoraban en este monasterio de La Armedilla. Sobre todo, en lo relacionado con la pintura, la escultura y muchos muebles, por criterios del momento, fueron considerados secundarios y se dispersaron, en muchos casos a lugares que desconocemos. Con el tiempo, gracias a los nuevos estudios y a una revalorización de los conceptos artísiticos y del patrimonio, se han ido localizando muchas piezas que entonces formaban parte de este lugar.

Este relieve de San Jerónimo Penitente, fue llevado a la iglesia de Bahabón, seguramente a durante el año 1846, después de que se hizo el último inventario y donde ya no consta por considerarse secundario. Se sabe además que estando en la localidad el párroco Bartolomé Donado, llevó a la iglesia el Crucifijo del convento de San Basilio de Cuéllar, que actualmente está bajo la advocación del Cristo del Amparo, y también un relieve de San Jerónimo del Monasterio de la Armedilla. Es fácil que  la localidad tuviera cierto carisma hacia la antigua comunidad jerónima, no sólo por la devoción a la Virgen de la Armedilla, sino también porque tras la desamortización de 1820, cuando vuelven de nuevo los monjes, los que estaban ordenados sacerdotes hacían las labores de párrocos en varios pueblos de alrededor para conseguir sustentar la comunidad. En Bahabón la asistencia espiritual estaba encargada a fray Nicolás Alguero, que falleció allí en el año 1833 pero fue enterrado en el monasterio. 

San Jerónimo Penitente, Iglesia de la Asunción, Bahabón. Procede de La Armedilla
El relieve de San Jerónimo Penitente procedía de una de las capillas laterales de la iglesia de la Armedilla, seguramente sea la que aparece descrita en el invenario que se hizo en 1820 que aparece como Un retablo con la efigie de San Jerónimo y su mesa a la romana. Sólo se ha conservado el relieve sin el resto del retablo. Esta forma de representar al santo es tomada de la que hace el italiano Pietro Torrigiano para el monasterios sevillano de San Jerónimo de Buenavista, en 1525, y que actualmente está en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, existe otro muy similar en la sacristía de Guadalupe, también en barro cocido y realizado hacia la misma época. Al igual que el de Bahabón, en madera policromada hay muchísimas representaciones, así como pinturas que de una forma u otra representan el mismo tema de forma muy similar. Destacar del de Bahabón la tensión con la que sujeta la piedra, la forma de mirar al crucificado y el cuerpo escuálido de penitente pero tratado con suavidad y de canon alargado nos llevan a datarlo de principios del siglo XVII, dentro ya de un imperante romanismo decadente donde únicamente su expresividad queda marcada en el movimiento corporal.

No obstante, he aquí algunas aportaciones por la similitud que esta talla tiene con la del retablo mayor de San Isidoro del Campo en Santiponce (Sevilla), y la forma del retablo, no sería raro que este relieve hubiera estado en el retablo mayor antes de la colocación de la talla de la Virgen de la Armedilla, antes de construirse el camarín. También el retablo de Nuestra Señora de la Mejorada tenía un san Jerónimo pentitente que le fue desgajado y separado del conjunto, por un lado el retablo, tras la desamortización se llevó al que ahora es el Museo Nacional de Escultura y por otro lado, el San Jerónimo, fue llevado a Santa María la Real de Nieva.

San Jerónimo Penitente, iglesia de la Asunción de Bahabón

Pietro Torrigiano, San Jerónimo Penitente, h. 1525,  Museo de Bellas Artes (Sevilla) Procede del moansterio de S. Jerónimo de Bueenavista

Retablo mayor de la iglesia de San Isidoro del Campo en Santiponce, Sevilla, 1609-1613. Escultura de Juan Martínez Montañés

San Jerónimo Penitente, Juan Martínez Montañés para San Isidoro del Campo

San Jerónimo Penitente, procedente de Ntra. Sra. de la Estrella (Logroño)

Francisco Salcillo, San Jerónimo Penitente, Procede del monasterio jerónimo de San Pedro de la Ñora (Murcia)



Miguel Herguedas Vela




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